Queda tu olor.
Queda el olor a metal
y el aire ahogado
de la noche
y un haz de luz
que eternizó mi retina
entre tú y yo.
Siento cómo roza en mis pulmones
la última dosis de aire
que atravesó tu vaho
justo en el momento de la sonrisa.
Queda el olor a la sal
de la sombra y el puente,
y de las luces a lo lejos,
como de vida exterior,
parpadeando las ventanas.
Queda el olor,
ese que sé que es tuyo,
y que no niego descubrir
en recuerdos y cartas perdidas
mientras que el humo que exhalas de tu olvido,
amenaza con hacerlo desaparecer.
Pero aun queda ese olor,
miscelánea de nosotros
que no encuadra
ninguna ingenua instantánea.
Ríete,
Pero aun queda el olor a la pólvora
de aquel bello disparo.
jueves, 17 de julio de 2008
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