lunes, 27 de octubre de 2008

Welcome, don’t flee.

Welcome, don’t flee.

Si tuviese que dividir mi cuerpo
en determinados habitáculos
que puedan dar cobijo a tu existencia,
tendría la entrada en mi pecho
con una hospitalaria alfombra
que dijese “Welcome, don’t flee”.

Es verdad que pisarías primero
una estancia viciada por la ausencia.
Un lugar poco preparado,
para este tipo de recibimientos,
un lugar sin más que un espejo,
y un par de salidas de emergencia.

En cambio, te animaría a seguir leyendo.
Evita abandonarme en estos versos,
girando el picaporte de esa pequeña puerta
atravesando ese tipo de lugares
que sólo vagarías si fueses
la asustadiza protagonista
de una película de suspense.

Pasillos y puertas, de trazo eterno
te llevarán a vísceras y entrañas
y por si te va haciendo falta,
que sepas que el baño está al fondo
a la izquierda,
como todos los baños,
no creo que a estas alturas te pierdas.

Por último, debo reconocer (seré sincero)
que me has cogido recogiendo,
limpiando, en fin, poniendo a punto,
mi caótica habitación, mi cerebro,
lleno de inextricables pensamientos.
Durante el día podrás hacer vida
por el resto de mi cuerpo,
pero por la noche, por favor,
quiero que duermas aquí
que es donde moran mis sueños.

No hay comentarios: