El amante fallido
Erré por el universo al verte,
(giraba a bordo de un astrolabio).
Me quedé botado,
en una esquina corpuscular,
pirado,
borracho de la savia que mana de tus labios.
Pronto,
aprendí
a ver las cicatrices
en los cuentos de princesas.
Acepté
a esperar los celajes
con los ojos cerrados,
con las manos echadas a la cabeza.
Te amé, sí.
Y perdí la nota
en la calle
pidiendo a gritos dedos de humano
para poder tocar tu boca.
Te amé, sí.
Qué más contarte,
es de noche,
y la osadía, amor, no es el fiel compañero
de este absurdo amante.
martes, 14 de septiembre de 2010
Estrellas y castillos de arena
Estrellas y castillos de arena
Río porque me haces cosquillas
o simplemente te deseo otra vez.
Me dejo atrapar
por tu juego perverso,
tu aliento estival,
y tu suave ritmo de bolero.
Te abrazo…,
me abrazas…,
y me dejo y no te dejo,
y te dejo y no me dejo.
Sabes bien
que me gusta tu juego.
Río porque me haces cosquillas
o simplemente te deseo otra vez.
Me dejo atrapar
por tu juego perverso,
tu aliento estival,
y tu suave ritmo de bolero.
Te abrazo…,
me abrazas…,
y me dejo y no te dejo,
y te dejo y no me dejo.
Sabes bien
que me gusta tu juego.
domingo, 23 de agosto de 2009
Quiero besarte
Quiero besarte
No hay caminos que vayan a mí.
Te espero en una playa lejos de las luces.
Quisiera probar casi todo.
Llámame,
quiero besarte.
Ahora Marte está más cerca,
pero aun no es tan grande como yo.
Caí del cielo, del frío y la sal.
Llámame,
quiero besarte.
La arena está en mis dedos.
El aire detrás de tus orejas.
Se ha parado el tiempo.
Llámame,
quiero besarte.
Desnudo y callado ante la orilla.
La sangre se muere de frío.
La noche es tuya, estoy aquí.
Llámame,
quiero besarte.
De ventaja te llevo mi secreto.
Las luces están allá, a lo lejos, ven,
estoy aquí, en medio del mar.
Llámame,
quiero besarte.
Quiero besarte,
quiero besarte,
quiero besarte.
Estoy aquí,
solo,
y el mar,
y la noche.
Déjame que te bese
aquí en la inmensidad.
No hay caminos que vayan a mí.
Te espero en una playa lejos de las luces.
Quisiera probar casi todo.
Llámame,
quiero besarte.
Ahora Marte está más cerca,
pero aun no es tan grande como yo.
Caí del cielo, del frío y la sal.
Llámame,
quiero besarte.
La arena está en mis dedos.
El aire detrás de tus orejas.
Se ha parado el tiempo.
Llámame,
quiero besarte.
Desnudo y callado ante la orilla.
La sangre se muere de frío.
La noche es tuya, estoy aquí.
Llámame,
quiero besarte.
De ventaja te llevo mi secreto.
Las luces están allá, a lo lejos, ven,
estoy aquí, en medio del mar.
Llámame,
quiero besarte.
Quiero besarte,
quiero besarte,
quiero besarte.
Estoy aquí,
solo,
y el mar,
y la noche.
Déjame que te bese
aquí en la inmensidad.
viernes, 14 de agosto de 2009
Que te cunda el pánico
Que te cunda el pánico
Que te cunda el pánico,
la soledad y los perros,
que se diluyan los miedos,
que te apriete el sexo.
Que nos den las diez,
y las doce, y la una,
y pídeme, así, al oído
aquello de las aceitunas.
Prohíbeme que crea en Dios
y ore en tu universo
cuando al borde de la ternura
seamos seres conversos.
Que nos cunda el lecho,
el pánico, la duda,
que se diluyan los cuerpos
y nos apriete la locura.
Que te cunda el pánico,
la soledad y los perros,
que se diluyan los miedos,
que te apriete el sexo.
Que nos den las diez,
y las doce, y la una,
y pídeme, así, al oído
aquello de las aceitunas.
Prohíbeme que crea en Dios
y ore en tu universo
cuando al borde de la ternura
seamos seres conversos.
Que nos cunda el lecho,
el pánico, la duda,
que se diluyan los cuerpos
y nos apriete la locura.
miércoles, 29 de julio de 2009
Te diré un secreto
Te diré un secreto
Con la aurora,
por tu cara
baja una vida
en forma de gota de sudor.
Te diré un secreto
en tu aun tierno oído
para que se mezcle
como la luz con tus labios
con tu último sueño.
Entre tu sábana y tu cuerpo
entre el mundo y tu gesto.
Te diré un secreto aquí
mientras se inventa el desayuno
y el mundo, y las cosas y el tiempo.
Te diré un secreto
con la aurora pintándose en tu iris
con mi calor transitorio en crisis,
un secreto en tu oído tierno
sordo en la noche, limpio y fresco.
Te diré un secreto
en forma de gota de sudor
mientras mi universo camina por tu pelo
descabellado y húmedo de secretos,
te diré un secreto con todos mis dedos.
Con la aurora
en tu mágico cuerpo tierno
te diré un secreto por tu vello,
con mi calor pintándose en tu iris
te diré un secreto cuando sientas
que te quema nuevamente el deseo.
Con el secreto,
por tu cara
baja una vida
en forma de gota de sudor.
Con la aurora,
por tu cara
baja una vida
en forma de gota de sudor.
Te diré un secreto
en tu aun tierno oído
para que se mezcle
como la luz con tus labios
con tu último sueño.
Entre tu sábana y tu cuerpo
entre el mundo y tu gesto.
Te diré un secreto aquí
mientras se inventa el desayuno
y el mundo, y las cosas y el tiempo.
Te diré un secreto
con la aurora pintándose en tu iris
con mi calor transitorio en crisis,
un secreto en tu oído tierno
sordo en la noche, limpio y fresco.
Te diré un secreto
en forma de gota de sudor
mientras mi universo camina por tu pelo
descabellado y húmedo de secretos,
te diré un secreto con todos mis dedos.
Con la aurora
en tu mágico cuerpo tierno
te diré un secreto por tu vello,
con mi calor pintándose en tu iris
te diré un secreto cuando sientas
que te quema nuevamente el deseo.
Con el secreto,
por tu cara
baja una vida
en forma de gota de sudor.
sábado, 18 de julio de 2009
Corazón
Corazón
A primera hora del día
mi corazón duda en latir.
Su tozudez forzada en arritmia
busca un paso lento
un “tum tum” de paz
algo de sosiego,
supongo,
pero no le dejo sangre,
sé que seco, tampoco está tan mal.
A media mañana me olvido de él,
lo reservo para esas horas
en las que un latido tiene al menos
la nunca despreciable función
de romper el fatídico silencio.
A la hora de comer pienso en el hecho
de que mi corazón no tenga vida,
con la sístole puede que al derecho
y la diástole más bien invertida.
Cuando el sol está cayendo
y los enamorados transeúntes
se agarran de la mano,
mi corazón late y punto.
Y parece que la historia empieza
cuando nos la quita el cielo
y los incandescentes que pueblan la noche
se preocupan por hacer un segundo eterno.
Y a las doce, cómo no,
Mi corazón quiere conocer a otros,
¡qué pillín!
Pero hay veces que no puede ser,
y dejo que se entretenga con las entrañas
en romper el silencio del que ya les hablé.
A primera hora del día
mi corazón duda en latir.
Su tozudez forzada en arritmia
busca un paso lento
un “tum tum” de paz
algo de sosiego,
supongo,
pero no le dejo sangre,
sé que seco, tampoco está tan mal.
A media mañana me olvido de él,
lo reservo para esas horas
en las que un latido tiene al menos
la nunca despreciable función
de romper el fatídico silencio.
A la hora de comer pienso en el hecho
de que mi corazón no tenga vida,
con la sístole puede que al derecho
y la diástole más bien invertida.
Cuando el sol está cayendo
y los enamorados transeúntes
se agarran de la mano,
mi corazón late y punto.
Y parece que la historia empieza
cuando nos la quita el cielo
y los incandescentes que pueblan la noche
se preocupan por hacer un segundo eterno.
Y a las doce, cómo no,
Mi corazón quiere conocer a otros,
¡qué pillín!
Pero hay veces que no puede ser,
y dejo que se entretenga con las entrañas
en romper el silencio del que ya les hablé.
martes, 23 de junio de 2009
Triste y cobarde
Triste y cobarde
Las calles vacías están como tristes,
como tus ojos cuando te miras al espejo
con tu sonrisa invertida, y tu cuerpo
lánguido, y repleto de cicatrices.
De cicatrices que no se ven por fuera,
y tu corazón masticando ceniza
dejando tu piel un poco menos lisa,
tristes tus ojos en el espejo vuelan.
“El camino es muy largo”, dice un caminante,
que sabe de caminos, que hace la historia,
“siempre es conveniente que guarde la memoria
lo que hizo valiente y nunca lo cobarde”.
Y tus ojos tristes miran al espejo
y devuelve la mirada lo que pudo ser,
lo que es, lo que fue y lo de después,
fulgurantes en tu delirio añejo.
Las calles vacías están como tristes,
como tus ojos cuando te miras al espejo
con tu sonrisa invertida, y tu cuerpo
lánguido, y repleto de cicatrices.
De cicatrices que no se ven por fuera,
y tu corazón masticando ceniza
dejando tu piel un poco menos lisa,
tristes tus ojos en el espejo vuelan.
“El camino es muy largo”, dice un caminante,
que sabe de caminos, que hace la historia,
“siempre es conveniente que guarde la memoria
lo que hizo valiente y nunca lo cobarde”.
Y tus ojos tristes miran al espejo
y devuelve la mirada lo que pudo ser,
lo que es, lo que fue y lo de después,
fulgurantes en tu delirio añejo.
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